“La huida”, de Jim Thompson

“Huir significa muchas cosas. Algo limpio y ligero, como el deslizarse de un pájaro a través del cielo. O algo sucio y rastrero; una serie de movimientos de cangrejo a través del fango, un proceso de trepar hacia adelante, de saltar hacia un lado y correr hacia atrás.
Es dormir en prados y en orillas de ríos. Es arrastrarse durante millas a lo largo de acequias. Huir significa caminos perdidos, trenes apartados, camiones destartalados, coches robados y dos amantes muertos en cualquier calleja perdida. Es comida sisada de los supermercados, vestidos robados en la sección de ropas; es robo y asesinato, sudor y sangre. La complejidad se vuelve simple por la alquimia de la necesidad.”
Extracto de la página 116 de “La huida” (Jim Thompson). Edición de RBA en su Serie Negra (2011).
La novela de Jim Thompson obtuvo su mayor repercusión cuando Sam Peckinpah la adaptó al cine en 1972, siendo un material idóneo para el director norteamericano, que se inspiró de manera libre, introduciendo variaciones y descartando tramos tan extraños como el impredecible y digresivo final ideado por el escritor. En el libro, dotado de movimiento y violencia, como no podía ser de otra forma, también tiene cabida la reflexión sobre la pareja, sobre sus tiranteces, sobre sus desconfianzas y sospechas, sobre sus idas y venidas, sobre su dependencia mutua, sobre su devenir inseparable… En varios pasajes, los más intimistas, podemos leer/sentir lo que sucede en el interior de unos personajes sometidos a la presión de resultar por fin atrapados o asesinados, acercándonos a esta brutal e insoportable inquietud en clave de pensamientos, sentimientos y temores plasmados con mucha verdad y lucidez. En el meollo de la huida y la amenaza, se aprovecha para tratar sobre la relación de pareja sometida a circunstancias radicales, agónicas; para indagar, en definitiva, en la apasionante psicología de los malditos personajes thompsonianos.




